La pereza espiritual vs. COVID-19

Publicadas en 11 de octubre, 2021

En el llamado epílogo de la pandemia COVID-19, podemos tener muchas conclusiones que con plena seguridad dejarán un importante aprendizaje para todos los seres humanos; pero, especialmente para aquellos que hemos trasegado por este camino espiritual.

Dentro de aquellas cosas que jamás deberíamos olvidar, está la manifestación de la inmensa misericordia de un Dios que nos ama y que por encima de todo quiere mantener su obra de la creación. La errada visión de algunos pseudo profetas cuya visión de la vida espiritual es siempre un juicio, donde ellos se creen el juez supremo y anhelarían ver cómo todos perecen a causa de un acto de ira de nuestro Dios.

La absurda ignorancia de tantos que salen y salieron a las redes sociales, a opinar sobre algo que no conocen, pero que con el fin de figurar dicen cualquier cosa que se les viene a la cabeza. La importancia de la misericordia en los corazones de tantos seres humanos que ayudaron a sobrevivir a tantos pobres que cayeron en desgracia a causa de la gran crisis económica.

Pero, un asunto que parece tan curioso, y a la vez tan fehaciente, es la gran pereza espiritual en que cayeron muchas personas de todos los carismas, comunidades y parroquias a lo largo del mundo. La pereza espiritual se manifiesta con una deficiente actividad piadosa (rezos, asistencia a cultos y actividades espirituales). Algunas personas, por el contrario, la pandemia les sirvió para acercarse a Dios, buscando desesperadamente un milagro de salud o económico, pero en general la población practicante religiosa, entro en un estado de comodidad que fue acentuándose día a día.

Es fácil observar cómo amas de casa, padres de familia y hasta hijos ahora comenzaron a ver la novela de turno paralelamente escuchando una prédica de cualquiera de los predicadores que hay en la red y por supuesto ni se concentran en la prédica ni en la novela. También la actividad pasiva comenzó a crecer con el correr de los meses y ya el gran negocio de los videojuegos dio saltos gigantes en ventas. 

La irritabilidad por el encierro y la desesperanza llevó a muchos a pensar que: ¿de qué sirve rezar tanto? Algunos más fuertes en la fe sostuvieron su vida espiritual asistiendo a la eucaristía por medios virtuales, pero a la hora de asistir de nuevo a los templos y congregarse, ahí salta la excusa perfecta: ¿y, qué tal si me contagio? Mejor sigo viendo la misa vía Facebook live o Youtube.

Realmente no es tanto lo del contagio, sino una clara pereza espiritual camuflada detrás de la comodidad que generó la virtualidad en la pandemia. Tardarán tal vez uno o dos años para que vuelva a registrarse la afluencia acostumbrada en la asistencia a los eventos religiosos o la misa. Pero nos deberíamos preguntar. ¿por qué no me esfuerzo un poco más y mejor de una vez por todas salgo de mi comodidad? ¡Es hora de Salir y retomar  la fe con todas las fuerzas!

-Juan Alberto Echeverry

 

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