La Cuaresma
P. Lorenzo Gómez, L.C.
Jesucristo no nos salvó cuando caminó sobre el agua, multiplicó el pan, resucitó muertos o se transfiguró en el monte Tabor; tampoco vino a darnos parábolas, vino a salvarnos. ¡Nos salvó al morir en la Cruz! Una muerte de obediencia, de humildad y amor eterno.
La Cuaresma es la preparación inmediata al momento de la salvación. El camino fue de penitencia, oración y limosna. Comenzó en Belén, porque la cuna y la Cruz son su mismo trono; no hechos de paja o madera, sino de amor y sacrificio. La Cuaresma tampoco terminó cuando Jesús dijo: “Todo se ha cumplido” (Jn 19,30), en realidad no ha terminado, sigue actuándose en la Iglesia de los mártires, de los bienaventurados, de los pobres de espíritu y todos los que sufren y oran con Cristo sufriente y orante.
La Cuaresma termina parcialmente en cada alma que llega al Cielo y totalmente cuando se haya cumplido el número de los elegidos. Sin embargo, se revive plenamente cada vez que se celebra el santo Sacrificio de la Misa, porque Cristo se ofreció como sacrificio una vez por todos los pecados pasados y futuros. Vive la Cuaresma quien participa de la Misa, pues está presente en el Calvario y al comulgar el Cuerpo y la Sangre de Cristo está unido a Dios como las almas en el Cielo.
Únete a la Cuaresma sanando del pecado en la confesión y goza con las almas del Cielo en la Eucaristía, recuerda que nos dijo: “Quien come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él” (Jn 6,56).
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