El ayuno que Dios realmente espera de ti
Diácono Edgar Henríquez, L.C.
Cada año, cuando llega la Cuaresma, muchos de nosotros pensamos inmediatamente en lo mismo: ¿qué voy a dejar de comer? Chocolate, carne, dulces… y está bien. El sacrificio corporal tiene un valor real. Pero san Juan Crisóstomo, uno de los más grandes predicadores de la historia de la Iglesia, nos lanza una pregunta que incomoda: ¿de qué te sirve no comer carne, si devoras a tu hermano? La pregunta duele porque tiene razón.
El ayuno que Dios desea de ti va mucho más allá del plato vacío. Es un ayuno de todo el ser. Ayunas con tus ojos cuando decides no fijar la mirada en lo que ensucia el alma ni en los defectos ajenos para criticar. Ayunas con tus oídos cuando te niegas a escuchar el chisme que circula en el trabajo o en el grupo de internet. Ayunas con tu boca cuando, pudiendo herir con una palabra, eliges callarte o hablar con caridad.
¿Y tus manos? Ayunan cuando sirven sin esperar reconocimiento. ¿Y tus pies? Cuando no se hacen los lentos a la hora de ayudar al que lo necesita.
Hay algo que resulta muy fácil de olvidar: ¿de qué sirve privar al cuerpo de alimento si al mismo tiempo alimentamos el corazón de envidia, de resentimiento, de vanidad? Eso no es ayuno real, es dieta a lo mucho.
Este tiempo de Cuaresma es una oportunidad especial para hacer un ayuno verdadero, total, que transforme no solo tu alimentación sino también tu corazón. Uno que Dios pueda ver, no solo tu médico. ¡Ánimo! Dios bendiga tu camino.
Inspirado en san Juan Crisóstomo, Homilías sobre los estatutos, III, 11-12
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7 comentarios
Sabias palabras y para meditar y actuar Dios abra nuestros corazones …muchas gracias Diacono
Que Dios los bendiga